ABUSO SEXUAL Y ESTUPRO A MANOS DE CURAS BARCELONESES: ENCUBIERTOS DESDE JUBANY HASTA OMELLA

Actualizado: sep 4


ALBERT SALVANS, PRESBÍTERO, SUPUESTAMENTE EN KENIA EN 2019 SEGÚN ALEJANDRO BERMÚDEZ DE EWTN

AVISO AL LECTOR: la lectura de esta Entrada puede turbarle, amenazar su Fe, o incluso llevarle a pecar si uno no dispone de la madurez adecuada para asumir esta tragedia.


En la archidiócesis de Barcelona se dan todo tipo de conductas inmorales entre los clérigos, que los laicos en el fondo no les importan, decíamos en una Entrada reciente enlazada más abajo (1). Pero de la boca de algunos de los dirigentes de la Iglesia católica salen palabras que son difíciles de conjugar con el comportamiento del que las pronuncia.

Habábamos también en esa Entrada de la incompetencia manifiesta del ahora cardenal Omella, y los presuntos delitos, que serían también crímenes y van contra las directrices nuevas instruídas por los papas Benedicto XVI y Francisco sobre el protocolo ante abusos sexuales por parte del clero.

Buena lectura.

Jacques Pintor

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EN ESTA ENTRADA:
- ALBERT SALVANS, Estupro ocultado en Barcelona. Mentiras de un cardenal, y ocultación por parte de Martínez-Sistach y Omella
- Carta de Albert Salvans a Assu desde Montserrat
- Carta del padre de Assu al cardenal Jubany
- Carta del cardenal Jubany al padre de Assu
- Vídeo promoción de Nuevos Caminos, proponiéndose como oferta humanística desde 1981 (también durante los escándalos)

Paradójimamente Omella llama a prevenir "FUTUROS" ABUSOS SEXUALES, conocedor como es de los abusos no sanados de la Casa de Santiago (ver subrayado en negrita en el texto que sigue), que además ha hecho esfuerzo por asegurarse que no haya información diseminada y ésta esté o bien destruída u oculta en el Vaticano.

Además de ello, choca frontalmente su discurso vácuo con su actuación contra un sacerdote, Miguel Ángel Barco, por razones de carrerismo personal del cardenal, y para tapar la gran torpeza del jesuita Germán Arana y del cardenal Stella engañando al Papa Francisco acerca del expediente Ureña.

Un abuso de poder en toda regla. Y, siendo el poder en la Iglesia, o la POTESTAS, que no son sinónimos, sagrado, la actuación del cardenal es blasfema y sacrilega. No es la primera vez que lo hace, y de ello hablaremos pronto.

Decíamos que era llamativo y escandaloso el contenido de su discurso en la reciente inauguración de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, de la que es Presidente. Su actuación contradice cada una de las exhortaciones que lanzó a sus hermanos obispos:

PALABRA DE OMELLA: “En este cambio de época, es necesario que el sacerdote sea profundamente humano y experto en humanidad para poder ser un fiel servidor de Cristo en los hermanos y prevenir en la formación todo tipo de clericalismo y de futuros abusos ya sean sexuales, de conciencia o de poder. El compromiso de la Iglesia en este punto es incuestionable con las nuevas normas de imputabilidad y la progresiva creación de Oficinas para la Protección de menores en todas las diócesis” (del Discurso inaugural de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española -CEE)

Ya decíamos al principio de esta Entrada y de la pasada, que se trata de un MATERIAL SENSIBLE, y avisamos al lector de que su lectura puede turbarle, amenazar su Fe, o incluso llevarle a pecar si uno no dispone de la madurez adecuada para asumir esta tragedia. Lectura obligada para quien desee conocer los abusos en el entorno de la Casa de Santiago en Barcelona.

Lo que sigue en esta entrega del caso de la Casa de Santiago es el CAPÍTULO 9 del libro LA VIDA SEXUAL DEL CLERO, del Dr. Pepe Rodríguez, Doctor en Psicología y Licenciado en Ciencias de la Información, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, periodista e investigador. Libro posiblemente agotado y fuera de edición, pero que puede descargarse del archivo bibliográfico de Scribd.com (bajo condiciones) a través del enlace al libro. 

No solamente se ocultó, no solamente se dio luz verde a la ordenación de los diáconos pederastas mencionados, que todavía campan por el mundo al frente de la organización pecaminosa que montaron en Barcelona, Nous Camins, ahora por ejemplo llamada New Ways en Kenia, y con sede en Madrid, sino que el cardenal Omella, como alguno de sus predecesores, se esfuerza en que no aparezcan las pruebas que se distrajeron en su momento. Hemos informado de ello, y seguiremos informando.

En un artículo de ACIPRENSA (del conglomerado de EWTN) de 4 de junio de 2019, sitúan a Salvans en Sudán, y le llaman misionero comboiano. ¡Quién da más! Hablan maravillas de la entrega de Salvans, que sigue en varios países de África trabajando con mujeres y niños. La fotografía de portada refleja ese momento referido en el artículo de Aciprensa.


DEL CAPÍTULO 9 DEL LIBRO DEL DR. PEPE RODRÍGUEZ REFERENCIADO MÁS ARRIBA: ALBERTO SALVANS, ABUSOS SEXUALES A MENORES Y ESTUPRO CON ENCUBRIMIENTO DEL OBISPADO

"Estupro", según la RAE:
Del lat. stuprum 'violación'.
1. m. Der. Coito con persona mayor de 12 años y menor de 18, prevaliéndose de superioridad, originada por cualquier relación o situación.
2. m. Der. Acceso carnal con persona mayor de 12 años y menor de 16, conseguido con engaño.
3. m. Der. Por equiparación legal, algún caso de incesto.
4. m. Antiguamente, coito con soltera núbil o con viuda, logrado sin su libre consentimiento.


ALBERT SALVANS, ABUSOS SEXUALES A MENORES Y ESTUPRO CON ENCUBRIMIENTO DEL OBISPADO

 - En 1984, al igual que hacían otras muchas niñas y niños, hijos de familias católicas, ASUNCIÓN PIE, de 13 años, frecuentaba la parroquia barcelonesa de Sant Pius X; lo hacía desde unos tres años atrás y se sentía bien en aquel ambiente. Pero, por entonces, el párroco, CARLES SOLER PERDIGÓ, encargó al dinámico diácono ALBERT SALVANS GIRALT la organización de la formación de los más jóvenes. Y las ideas más que peculiares de SALVANS pronto se pusieron en práctica. La atractiva convocatoria de un viaje cultural a Londres puso en contacto a ASUNCIÓN PIE —Assun— con ALBERT SALVANS, quien no tardó en convencerla para que se integrara de forma activa en el grupo de jóvenes que ya había puesto en marcha el diácono. 
    CARLES SOLER había dejado las manos libres al diácono SALVANS para que organizara las cosas a su gusto, y éste así lo hizo, dirigiendo al mismo tiempo un grupo de jóvenes de la parroquia y otro del barrio. A la vuelta del viaje a Londres, Salvans seleccionó a unos determinados menores de la parroquia, nueve en total. Tres de ellos estaban etiquetados de problemáticos (Antonio, deficiente psíquico; Jordi, ex toxicómano; y José, que padecía importantes trastornos emocionales),pero el resto eran los más vivarachos, inquietos e independientes que puede encontrar en el barrio: Lluís, Marc, Alex, Eulalia, Marta y ASSUN. SALVANS reunía cada día a su grupito —en especial a los seis últimos— en la parroquia y les daba charlas sobre cómo enfocar la vida como cristianos. La presencia en el grupo de los otros tres menores con problemas servía, principalmente, para justificar los viajes y excursiones, que se planteaban oficialmente como actividades lúdico-terapéuticas para ellos. ALBERT SALVANS supo camelar al grupo de menores y, poco a poco, adquirió un gran ascendiente sobre ellos. Todo era normal y agradable, y quizá por eso Assun no creyó a una adolescente de otro grupo cuando, en diciembre de 1984, le confesó que había tenido relaciones sexuales con EL DIÁCONO SALVANS y que éste le había propuesto practicar el sexo en grupo.
Los tres años que ASUNCIÓN PIE pasó en el grupo del diácono ALBERT SALVANS, en la parroquia de Sant Pius X, los resume ella misma en el testimonio siguiente [92]:
ASSU - «Albert estuvo un año comiéndonos el coco sin que sucediera nada fuera de lo común, salvo sus personales interpretaciones de la doctrina cristiana que le llevaban a decirnos que, por ejemplo, “cualquier persona puede llegar a ser Dios como Jesús, puesto que Jesús no nació siendo Dios, sino que se hizo Dios”; o que “María no era Virgen, al menos en el sentido físico de la palabra, sino que tan sólo lo era espiritualmente. Pero, pasado ese tiempo, ALBERT empezó a criticar con más fuerza a la Iglesia y a introducir el tema del sexo en sus charlas. “Tenéis que aprender a querer” —nos adoctrinaba ALBERT— y como el sexo es el máximo exponente del amor, tenéis que aprender a hacer el sexo”. Un día yo le pregunté: “ALBERT, ¿cómo ves tú el hacer el acto sexual a la luz de lo que dice la doctrina católica?” “Practicar el sexo es otra manera de querer a la Iglesia”, me respondió él. En sus charlas en la parroquia nos decía que en realidad todos somos bi-genitales antes que bisexuales, es decir, que todos podemos funcionar con los dos sexos y que eso era el estado ideal al que debíamos aspirar. “A la Iglesia —nos decía—, tanto se la puede querer practicando relaciones heterosexuales como homosexuales o bisexuales”. Poco a poco, nuestro grupo, que estaba en la órbita de la asociación NOUS CAMINS [93], fue convirtiéndose en una especie de secta. Se fomentaba la pérdida de nuestra identidad en aras de lograr una identidad meramente grupal, se nos inducía a llevar todos el mismo tipo de peinado y a colorearnos el cabello con henna, a compartirlo todo, etc. Estábamos sometidos a un constante asedio afectivo, se nos enseñaban métodos para captar a otros jóvenes, se nos prohibía tajantemente contar nuestras ideas y actividades a personas ajenas al grupo, especialmente si se trataba de nuestros padres o amigos íntimos. ALBERT se convirtió en nuestro líder y nosotros, críos confiados y sin experiencia de la vida, en sumisos adeptos suyos. Continuamente dejaba bien claro que él era allí la única autoridad, e incluso remarcaba aquellos que le merecían más confianza—que eran quienes le obedecían de una forma más ciega— y comenzó a castigar los que se le resistían en algo. En una reunión, por ejemplo, le entregó a Lluís. una cruz que simbolizaba la confianza que ALBERT tenía en él, y al resto nos dio otra cruz inferior que significaba que, como máximo, nos consideraba candidatos para ganar la otra cruz. Con trucos sencillos como éste, pero que en aquel ambiente funcionaban, nos manipulaba para que fuésemos tan sumisos como nuestro compañero Lluís. Un día estábamos ALBERT y yo solos en una sala de la parroquia de Sant Pius X, hablando de los problemas del Tercer Mundo, cuando, de repente, empezó a besarse y a acariciarme con furor por todo el cuerpo. Yo tenía 14 años y ALBERT 28, y no recuerdo muy bien si intenté oponerme o no. Todo era muy confuso para mí mientras sus manos me palpaban por todo el cuerpo. Finalmente caí en una crisis epiléptica (tenía ya antecedentes clínicos anteriores) y me quedé inconsciente. Me fui a casa muy conmocionada y sin entender nada de lo que había sucedido. Era incapaz de pensar que significaba todo aquello. Me sentía fatal. Pero, al día siguiente, cuando le llamé por teléfono, él estaba muy tranquilo me dijo que lo que había hecho era perfectamente lícito para la Iglesia y muy normal entre amigos que se querían. Eso me tranquilizó y dejé de preocuparme. Dos o tres meses después, fuimos a pasar un fin de semana a la casa que ÁNGELS FORNAGUERA MARTÍ [presidenta de la asociación NOUS CAMINS] tiene en Centelles. Allí nos reunimos tres menores de mi parroquia —Lluís, otro y yo—, ALBERT SALVANS y un grupo de jóvenes de la parroquia de Sant Doménech, que estaban bajo la responsabilidad de PERE CANÉ [diácono acusado igualmente de forzar las mismas prácticas sexuales que SALVANS].Después de cenar y charlar engrupo, todo el mundo se fue a dormir excepto Lluís, ALBERT y yo, que nos quedamos hablando un ratito más. A una señal sutil de ALBERT, Lluís también se fue a la cama y nos quedamos los dos solos. Acto seguido, él me llevó hasta su habitación. Esa noche fue la primera vez que tuvimos una relación sexual con penetración. Yo era virgen y para mí fue muy traumática. Me penetró tres veces y fue muy doloroso ya que me hizo más de un desgarro. Yo no sentía nada más que dolor y lloraba, pero ALBERT ni se inmutó, fue a la suya hasta que eyaculó, y luego se quedó dormido. Después de esto yo creía que me había ganado el cariño de ALBERT; de hecho, me había dejado forzar para no defraudarle. Físicamente era atractivo, es cierto, pero para nosotros era como un dios. De la misma manera que ALBERTO decía que Jesús se hizo Dios a sí mismo, también nos insinuaba con toda claridad que él había logrado igualmente hacerse Dios. Y nosotros le creíamos. El domingo por la mañana, al levantarme, a pesar de lo mal que lo había pasado horas antes, me sentía muy bien, me sentía como una mujer. ALBERT sabía conseguir que todos nos sintiésemos adultos —nos dejaba conducir el coche, nos llevaba a bares, etc.— y no niños, que era como nos trataban todos los demás, y lo que en realidad éramos aunque nos empeñásemos en ser mayores. Medio año después volvía a no entender nada de lo que me estaba sucediendo. No comprendía por qué se tenía que querer a su manera [la del diácono SALVANS ] y no tal como otros lo deseaban. Y si no lo hacíamos como él quería nos castigaba psicológicamente y nos humillaba. “Parece que vengas aquí por mí —me increpó ALBERT un día—, pero a los otros también los tienes que querer”. Y eso, en el lenguaje que usábamos, tenía un significado muy claro: como eres cristiano y tienes una gran capacidad de querer, tiene que haber promiscuidad sexual entre todos los miembros del grupo. Yo debía acostarme también con otros. Un día, por no querer darle un beso a Jordi, uno de los chicos del grupo, todos mis compañeros me machacaron hasta hacerme sentir muy culpable, como una especie de Judas que traiciona todos los ideales del grupo y pone en peligro la vida del resto de compañeros. En un principio fue Albert el que orientaba y dirigía todas las agresiones del grupo contra aquéllos que nos saltamos alguna norma, pero al final ya era el grupo el que atacaba por propia iniciativa. Nos habíamos convertido en sus marionetas. Yo sentía que todo aquello no estaba bien, que había algo que no encajaba del todo, pero, en mi estado de sumisión, no lograba atinar el qué. Desde que conocí a ALBERT SALVANS las relaciones con mi familia fueron enfriándose progresivamente y empecé a mentirles; y mis estudios de BUP también fueron de mal en peor; suspendí casi todo a partir del año siguiente de caer en sus manos. Desde que tuve mi primer contacto sexual con él me prohibió terminantemente que comentara eso o cualquier otra cosa del grupo con mi madre. Y lo mismo le sucedió al resto de mis compañeros. Me sentía como atrapada y finalmente llegué a tener ocho contactos sexuales con ALBERT ; unas veces era en la parroquia, otras en alguna casa o en el piso donde vivían los diáconos, y hasta lo hicimos en un jardín y en un cine. Así, un día me llevó a tomar una copa a un bar de alterne de las afueras de Barcelona y al salir, como encontramos las cuatro ruedas pinchadas y tuvimos que esperar a la grúa del Real Automóvil Club de Cataluña, hizo que me enrollara con él en un jardincito que había junto al bar. Y otro día, en un cine, me obligó a hacerle una felación, pero como nunca la había hecho no debió resultarle satisfactoria del todo y me dijo: Como cristianos, tenemos que aprender a hacer esto. Siempre era él quien iniciaba las relaciones, aunque a veces yo también sentía deseos de estar con él, ya que era el líder y así tú eras su preferida en ese momento. Yo sabía que él también mantenía relaciones sexuales con al menos unos diez más como yo —entre los que se contaban Lluís, Marta y Eulalia— y eso me hacía sentir celos; a todos los demás también les pasaba lo mismo porque ALBERT jugaba mucho con esto y lo potenciaba haciendo que todos, de una forma u otra, acabasen por enterarse de con quién se acostaba, al margen de que algunas veces forzaba a mantener actividades sexuales en grupo. Durante las vacaciones de Semana Santa de 1987 fuimos de viaje a Cáceres, junto a otros muchos jóvenes de la parroquia y de Nous Camins, que resultó durísimo. Durante el trayecto se nos machacaba con una lectura continua de libros sobre realismo existencial y comunas, y en las paradas realizábamos charlas grupales sobre esas lecturas, se nos forzaba a realizar confesiones públicas, vulnerando cualquier intimidad, y no se nos permitía dormir más allá de tres o cuatro horas diarias. Se implantó también una política de premios y castigos desmesurados que administraba ALBERT a su antojo. En esta excursión venía también era CANÉ, el diácono de la parroquia de Sant Doménec, que no perdía ocasión de entrar a hablar con las chicas mientras estábamos desnudas en la ducha. Para mí empezó a ser el principio del fin. ALBERT SALVANS quiso acostarse conmigo pero yo me negué tajantemente mantener ninguna relación sexual más con él. Al día siguiente fui marginada del resto del grupo y lo pasé muy mal. Cuando regresamos a Barcelona la presión contra mí fue incrementándose progresivamente hasta que se me hizo insoportable y, en vez de ceder, que es lo que pretendía ALBERT, tomé la decisión de abandonar el grupo. Finalmente, en abril de 1988, le dije que ya no pensaba volver por el grupo y me fui. Mi amiga Marta R. dijo, poco después, que todos en el grupo me consideraban “Satanás” y que había dejado de existir para ellos, razón por la cual dejaron de saludarme por la calle y me volvían la espalda cuando me veían. Eso me hizo sentir muy mal, con un insoportable sentimiento de culpabilidad y de traición, y dos semanas después regresé con ellos. Pero no pude soportar de nuevo la presión a la que me sometían y, pasados un par de meses, les dejé definitivamente. Decidí contárselo todo a mis padres, pero antes quise comentarle a Marta R., que aún estaba con ALBERT SALVANS, todo lo que me había pasado. Ella no me rebatía nada de lo que le contaba, pero permaneció todo el rato en una actitud tirante y rígida, y en todo momento tomó partido a favor del diacono. “¿Qué es ALBERT para ti?”, le pregunta finalmente al ver que no conseguía dialogar con ella de una manera coherente. “ALBERT es el pastor y nosotros las ovejas”, me respondió Marta. Fue entonces cuando vi claramente que mi amiga no estaba normal, que algo grave estaba sucediendo y que ALBERT, de alguna forma, había llegado a controlar todas nuestras vidas y sentimientos. Además, hacía ya bastante tiempo que por la parroquia corrían rumores acerca de las actividades sexuales del diácono SALVANS con muchos menores. No era fácil ocultar que se estaba acostando con no menos de diez personas en la misma época, y mi madre, como otros muchos padres y el propio mosén CARLES SOLER, había oído los comentarios; pero, como SALVANS era idolatrado por todo el mundo, nunca nadie les concedió la más mínima veracidad ni se tomó la molestia de indagar qué estaba pasando. No lo dudo más y hablé con mi madre.—Mamá, en la parroquia hay mucho follón.—¿Con quién? ¡No me digas que con ALBERT !—Sí.—¿Cómo lo sabes? ¿Estás segura de lo que dices, ASSUN?—¡Lo sé!—¡No me fastidies, eh, ASSUN! —me espetó mi madre después de haber estado mirándome, durante unos segundos eternos, con cara de espanto.—¿Tan grave es lo que ha pasado?—acerté a preguntarle, insegura de mi propia idea de lo ocurrido. Yo aún no era consciente del verdadero alcance de todo lo que había sucedido durante los últimos tres años, así que no podía entender la reacción aparentemente desmesurada que había tenido mi madre. Nos sentamos y le relaté todo lo que me había sucedido con ALBERT SALVANS y su grupo. Acto seguido mis padres se pusieron en contacto con los de mis compañeras Marta R. y Eulalia G., y la stres familias denunciaron los hechos ante el rector de la parroquia de Sant Pius X, CARLES SOLER. MOSSÉN CARLES se espantó y llamó a ALBERT para que diera versión de los hechos. Obviamente, lo negó todo y lo atribuyó a nuestra imaginación, pero poco después acabó confesando que todas las acusaciones eran ciertas.
MOSÉN CARLES SOLER PERDIGÓ [que entonces era también Vice-Provisor y Juez Pro-Sinodal de la Curia de Justicia del Arzobispado de Barcelona y miembro de la Junta Directiva del Montepío del Clero], decidió zanjar el asunto enviando a ALBERT SALVANS al monasterio de Montserrat e intentando convencer a las familias de que allí no había ocurrido nada:

ASSU - “Ya ha pasado todo—decía—, ahora vamos a olvidarlo.”. “Pero Carles Soler Perdigó, que hoy es obispo auxiliar de Barcelona [Soler Perdigó está pasados tantos años, hoy retirado y es obispo emérito de Gerona], no quiera quedarse sin la parte más apetitosa del caso, así que nos dijo con semblante impertérrito: “Creo que os tendríais que confesar.” Me pareció tan humillante y desvergonzada su imperativa propuesta que no me molesté ni en negarme. Fui a confesarme con MOSÉN SOLER, efectivamente, pero no le dije más que tonterías sin importancia. Si quiera escuchar detalles morbosos tendría que buscar a otra chica, yo ya estaba suficientemente herida. Pasaba el tiempo la confesión y como yo no soltaba prenda me incitó a hablar “de lo otro”. Había rebasado el límite de su decencia y de mi paciencia, así que le corté descuajo: “MOSÉN CARLES, hasta aquí llega confesión y aquí termina. Yo no soy culpable de nada más, así que me levanto y me voy”». Mis padres intentaron prevenir a las otras familias que tenían a sus hijos en el grupo de PERE CANÉ, en la parroquia de Sant Doménec, pero no solo nadie les hizo caso sino que todos defendieron ciegamente a los diáconos CANÉ Y SALVANS. Finalmente fueron mis padres quienes acabaron destrozados y llorando; fue un verdadero drama. Marta y yo denunciamos el caso por escrito ante el obispado, pero todo fue tan humillante como inútil. CARLES SOLER y el CARDENAL NARCÍS JUBANY [en un ejercicio de clásico machismo eclesial] no parecían interesados más que en pregunta insistentemente si hubo penetración o no. Después de habernos oído, JUBANY nos insinuó que tanto ALBERT SALVANS como PERE CANÉ ya estaban sentenciados. De hecho, ambos debían ordenarse como sacerdotes pocas semanas después de nuestra denuncia, pero la investigación abierta por el cardenal Jubany lo impidió entonces. No obstante, hoy, tanto ALBERT como PERE ya sacerdotes y siguen gozando de la protección de la Iglesia.
ALBERT SALVANS, efectivamente, no logró ser ordenado sacerdote en Cataluña, pero, finalmente, alcanzó su deseo de vestir sotana en Londres, ciudad donde fue ordenado, en 1992, en el seno de la misma Iglesia Católica que había encubierto sus tropelías sexuales que no había tomado más medidas que la de recomendarle al fogoso diácono que, si deseaba hacer carrera eclesiástica, debía desaparecer de Barcelona y buscar amparo en alguna diócesis lejana. SALVANS aceptó la pragmática sugerencia de su obispo —aunque no se molestó en irse demasiado lejos—, y hoy es un activo sacerdote volcado en la evangelización de los más jóvenes en el barrio londinense de Kentish Town, situado al noroeste del Regent Park. Para arrojar más luz sobre este caso son bien ilustrativos los documentos que reproduciremos literalmente a continuación y que obran tanto en poder del Arzobispado de Barcelona como de este autor. Pocos meses después de la denuncia, ALBERT SALVANS, desde el monasterio de Montserrat, le escribía de puño y letra la siguiente carta a ASUNCIÓN PIE:

CARTA DE ALBERT SALVANS A ASSU DESDE MONTSERRAT

Assu, estoy lejos de Barcelona, encerrado en un monasterio. No sé cuánto tiempo voy a estar aquí, pero seguramente que será mucho. Estoy profundamente triste, pero no por estar aquí, que es un lugar lleno de paz, sino por todo lo que he hecho, que tanto me hace sufrir y que tanto os ha perjudicado a muchos. Es extraño, la gente muchas veces cree que los monjes viven fuera de este mundo, desconectados de lo que pasa. En cambio, la presencia continua en las manos de Dios les da una clarividencia muy grande para las cosas humanas. Yo, ahora, desde este aislamiento, me doy cuenta del activismo progresivo que fue apoderándose de mí durante la última época de St. Pius X. Muy a menudo no tenía tiempo para pensar, ni para orar tanto como habría deseado. Yo no guardo —ahora menos que nunca— ningún rencor a nadie. Estoy seguro de que quieres ser, en el fondo y antes que nada, una buena cristiana. Te pido, pues, perdón de todo corazón por todo el mal que haya podido hacer. Para mí no queda más que una sola cosa: abandonarme completamente en las manos de Dios. Os pido que me encomendéis a la intercesión misericordiosa de María. Albert - PD: siento la necesidad de escribir también unas palabras tu padres.
Esta carta, así como la que envía a los padres de ASSUN en términos parecidos, denota una personalidad capaz de protagonizar una y otra vez los hechos anteriormente relatados; sin embargo, ALBERT SALVANS es hoy un sacerdote más en una parroquia de Kentish Town [de hecho, pasados estos años SALVANS actúa como sacerdote con niños y jóvenes en varios países de ÁFRICA]. La actitud de la jerarquía eclesiástica, tal como siempre sucede en este tipo de casos, fue el silencio y el encubrimiento. Los propios afectados tuvieron que esperar largo tiempo antes de recibir alguna noticia sobre el desenlace de la denuncia. Las dos cartas que reproducimos a continuación, una del padre de Assun y otra del CARDENAL NARCÍS JUBANY, hablan por sí mismas.

CARTA DEL PADRE DE ASSU AL CARDENAL JUBANY

Sr. Obispo: Largo tiempo después del hecho, que sin duda está en su conocimiento, acaecido, en la Parroquia S. Pío X, a varias niñas del barrio, entre ellas mi hija ASSU, que a no ser por nuestra denuncia al obispado(Dr. Dalmau) a buen seguro en estos momentos sería sacerdote de su Iglesia [se refiere a ALBERT SALVANS], después de insistir en que quería conocer el desarrollo de los hechos y recibir por lo menos una satisfacción, largo tiempo después, repito, aún estoy esperando. Quiero que entienda el golpe moral y a la fe que ha recibido mi esposa y mi hija, no por el hecho en sí, sino por la despreocupación de la Iglesia hacia ellos, después de la asistencia, participación e integración a la Parroquia; del sentimiento de culpabilidad de mi esposa es notable, puesto que fue ella quien de alguna manera «empujó» a nuestra hija hacia la Parroquia pensando que era el medio óptimo para su desarrollo moral. Quiero denunciar la ceguera por parte de los responsables de tal Parroquia, de no ver qué clase de individuos se preparaban para mañana seguir llevando por el camino del engaño a más gente; medios tendrá la Iglesia para investigar la vida personal de sus integrantes. Defraudada ha sido mi esposa e hija, y en cierta forma también yo, por tolerar, a pesar de mis advertencias, de lo nefasto que puede ser un fanatismo hacia cualquier tipo de creencias, tolerar digo, su constante asistencia a la Parroquia. Atentamente. Marcelo Pie
La respuesta del CARDENAL NARCÍS JUBANY al padre de la víctima de los abusos sexuales está fechada el día 3-11-88:

CARTA DEL CARDENAL JUBANY AL PADRE DE ASSU

Apreciado señor: Recibí su atenta carta del día 25 de septiembre último. Perdone mi tardanza en contestarle: el trabajo que ha recaído sobre mí durante estas últimas semanas me ha impedido darle una contestación. El asunto de que me habla es muy delicado y ha sido muy penoso para mí. Comprendo que V. desee conocer el desarrollo de los hechos denunciados. Puedo notificarle que, después de instruido el oportuno expediente, EL CONSABIDO DIÁCONO ha sido reducido al estado laical, a tenor de lo dispuesto en el vigente Código Derecho Canónico. Con la expresión de los mejores sentimientos de estima consideración, queda suyo affmo. NARCÍS JUBANY cardenal-Arquebisbe de Barcelona

Sin embargo, tal como veremos en la continuación y ampliación de este asunto en el capítulo siguiente, ALBERT SALVANS nunca fue reducido al estado laical. El CARDENAL JUBANY faltó a la verdad, pero, fundamentalmente, hizo dejación muy grave de su responsabilidad como prelado. El CARDENAL NARCÍS JUBANY y otros responsables del arzobispado —que hoy son obispos en Barcelona—encubrieron, como mínimo, la comisión de un gravísimo delito de estupro [94] y, al presionar a la víctima para evitar su denuncia ante la jurisdicción penal ordinaria, ayudaron a SALVANS a eludir acción del justicia; acto que les convirtió en cómplices morales de toda una cadena de abusos sexuales a menores. Tan importante parece para la doctrina cristiana la protección de los menores, que tres de los cuatro Evangelios reproducen las palabras de Jesús cuando dice a sus discípulos que el que escandaliza a un niño merece ser arrojado al mar con una piedra de molino colgada al cuello. Obviando el sentido literal de la frase, queda patente que los prelados católicos actúan al margen de la doctrina cristiana y de justicia civil.