ZARAGOZA: DESPRECIO A LA MISA TRADICIONAL DEL ARZOBISPO VICENTE JIMÉNEZ


Monseñor Ureña y el Rvdo. Barco en Épila. Asistieron 1.200 personas

En una Entrada anterior contábamos la inquina que existe en el seno de una de las partes en que se encuentra rota la Diócesis de Zaragoza contra la Misa Tradicional en el tiempo del anterior arzobispo, monseñor Vicente Jiménez Zamora, a quien substituyó en noviembre de 2020 monseñor Carlos Escribano. Forma extraordinaria contemplada, aprobada y custodiada por la Iglesia y que recientemente ha sido perseguida por el Vaticano en un ataque sin precedentes, y vestido de razón "pastoral". Explicábamos cómo no solamente la celebración de la Misa Tradicional está perseguida en la Diócesis de Zaragoza por vía de desprecio y maledicencia contra los que quieren asistir a esa forma de celebración de la liturgia, sino que fue uno de los motivos para perseguir y aplastar al anterior Arzobispo de Zaragoza Don Manuel Ureña.

Jacques Pintor

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EN ESTA ENTRADA:  
- El Arzobispo Vicente Jiménez negó la renovación del permiso para la Misa Tradicional 
- La Carta al Superior de la FS de San Pio X
- Un arzobispo bajo coacción. Arana le recuerda al Arzobispo Jiménez que es prescindible

El Arzobispo Vicente Jiménez negó la renovación del permiso para la Misa Tradicional

Monseñor Vicente Jiménez anunció en una carta de 18 de diciembre de 2019 al Superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X en España, que no les renovaba el permiso que tenían para celebrar la misa tradicional en la parroquia de Calaceite, concedido por Don Manuel Ureña. Pero fue incluso más allá: por si había dudas, les anunciaba en la misma carta que la prohibía y les advertía de que daba instrucciones de no permitirla en ningún sitio. Y ello, según el Arzobispo soriano, para proteger la Comunión de la Diócesis.

El texto de la carta rezaba,

"He recibido su atento escrito, de fecha 13 de diciembre de 2019, en el que me solicita renovar el permiso para la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria, que concedió de viva voz mi antecesor, Mons. Manuel Ureña, por medio del sacerdote D. Waldir Consuega, antiguo párroco de Calaceite. En contestación a dicho escrito, le comunico lo siguiente:
1. No tenía hasta ahora conocimiento del tema. 2. No renuevo el permiso, porque me consta que en Calaceite no hay número suficiente para celebrar la Santa Misa en forma extraordinaria. Los participantes pertenecen a otras parroquias que no son de la Diócesis de Zaragoza. Además no es conveniente para la plena comunión de la comunidad parroquial de Calaceite. 3. Con esta misma fecha, envío copia de esta carta al actual párroco, Rvdo. D. Arturo Hollman Ladino Gutiérrez, para que no autorice al P. José Mª Jiménez, Encargado de la Región de Cataluña y Aragón, la celebración en ninguna de las parroquias, que tiene confiadas a su cuidado pastoral".

Un arzobispo bajo coacción. Arana le recuerda al Arzobispo Jiménez que es prescindible

El Arzobispo Jiménez estaba por ese tiempo bajo la presión de una coacción ejercida sobre su persona por los poderes fácticos que dominaban y todavía dominan con total impunidad la Iglesia que peregrina en España. El oscuro jesuita Germán Arana no dudó en escribir a Jiménez una carta ignominiosa "recordándole" que había sido puesto en Zaragoza como un mero peón, y la decepción que se llevó Arana, que firma la carta, al ver que Jiménez al poco tiempo de haber ocupado la cátedra de Zaragoza despidió a la socia de Arana y Omella -la exnotaria diocesana Mari Carmen Amador- en la trama que aplastó sin piedad al anterior Arzobispo, D. Manuel Ureña Pastor.

Así, la que cogió fuerza con el apoyo de Arana y Omella fue Mari Carmen Amador, quien denunció a su vez animada por Arana al Arzobispo Jiménez por despido improcedente y por espionaje en su ordenador y sus mensajes. A partir de ahí el Arzobispo Jiménez parece que se puso el uniforme de valido, y su gestión lanzó un balance de cero, tras los casi seis años de ejercicio, adoptando -como en el caso de su decisión sorprendentemente contundente con la misa tradicional y sus palabras justificando tal decisión- una política tan parecida a la de Arana y Omella, que es, o le falta poco para ser evidente que ha recibido instrucciones y/o no ha querido complicarse la vida.


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