SOBORNO (I) OMELLA QUISO SOBORNAR AL RVDO. BARCO Y QUEDAR BIEN ANTE CONGREGACIÓN PARA EL CLERO

Actualizado: may 31

El cardenal Juan José Omella sentiría el apremio de que el reverendo Miguel Ángel Barco aceptara la condena de secularización sin una causa contra él (recordamos que presentó pruebas periciales definitivas -puede revisitarse esta Entrada del Blog- de que la única acusación contra él era falsa), aún contra la conciencia y la convicción de este que todo el proceso de instrucción canónica contra su persona y el posterior decreto de su secularización ha sido defectuoso. Y sentiría el cardenal Omella ese apremio porque actuaba de intermediario escogido por el Vaticano, más concretamente por su amigo el cardenal Stella, mentor de Francisco antes de ser Papa y promovido inmediatamente al cardenalato por Francisco al llegar a la silla de Pedro.

Stella movió los hilos dictando lo que había de hacerse en la "trama maña" en Zaragoza, de la que Barco es una víctima directa -puede revisitarse aquí la Entrada de Blog en la que se muestra de qué manera Barco fue utilizado para destruir también al obispo de Zaragoza D. Manuel Ureña. La presión sobre Barco se centraba en que no dijera misa, amenazándole Omella, con expresión atropellada y confusa, con hacer pública la condena en bando oficial si oficiaba. Ello para no tener que reportar a Stella que no había cumplido con su misión de intermediario y verdugo:

«Si él se compromete a no celebrar la misa, él no puede celebrar, pero si él no se compromete, si él lo hace, yo tengo que comunicar en el Boletín Oficial [de la Arquidiócesis de Barcelona] esa situación, porque normalmente esto…».

Este lenguaje poco articulado del cardenal Omella reflejaba duda, nerviosismo y apremio, y pasa del ataque a la defensa de Barco de una frase a la siguiente:

«Yo creo que merece todo respeto su conciencia y su persona. Entonces yo no lo voy a hacer público [que lo hace público más tarde]. Porque ahora mucha gente dirá, ¿y quién es este? aquí en Barcelona. Pero claro, si el me reta… (…) Y es más: si él va también a Tarragona, o a Segur de Calafell, entonces tengo que hacer el comunicado al obispo de la diócesis. Y ahora lo que tengo que hacer es comunicarle, decirle [a la Santa Sede], “no ha venido a firmar… mandó un abogado para ver si esto ta, ta, ta” … Pero además diciendo que él de alguna manera quiere continuar porque es in aeternum sacerdote, y yo tendré que hacerlo… la comunicación (…)
«Vamos a ver. Si él en su casa celebra misa, mal hecho. Allá él. Es como el cura que dice “yo de noche en la parroquia me voy por ahí, nadie se entera”… y dices, “hombre, mal hecho. No nos hemos enterado”. Se ha ido a otra ciudad fuera de Barcelona… pero le tengo que llamar inmediatamente. Como sepa que ha celebrado en algún lado, inmediatamente lo publico».

Anima para más inri el cardenal Omella al abogado de M A Barco, Vladimir Lamsdorff, a ir más adelante a Roma a informarse de qué "otras acusaciones ocultas" puedan tener en Roma sin hacérselas saber a Barco, y que lo haga «pasados unos meses», previniéndole sin embargo y sorprendentemente que le ocultarán la información. Omella está admitiendo con esto la oscuridad y falta de transparencia del proceso contra Barco:

«Si usted va allí, y le dan unas pinceladas… que no le contarán todo, porque usted a lo mejor… dirá usted: ¡hombre, esto es otra cosa!».

El soborno de Omella a Barco

El cardenal Omella pone, en una reunión posterior, a Barco de frente a la visión de tener un trabajo de quasi-sacerdote, atendiendo como laico el servicio religioso de un hospital, y ofreciéndole dinero negro cada mes independientemente del monto de su salario en ese hospital, lo que Barco rechaza por dignidad humana y porque no acepta el soborno de admitir una culpa que no es suya, y como pieza de una trama criminal. Y Barco lo rechaza aun siendo la alternativa el quedarse sin sueldo ni subsidio de desempleo, al ser la relación de un sacerdote católico con su obispado una relación no laboral en España sino solamente de voluntariado. Actualmente vive de la limosna de familias amigas, y sin casa propia.

Cabe aquí establecer un paralelismo con la llamada del Papa Francisco al obispo monseñor Ureña, expulsado de Zaragoza por el Papa Francisco a instancias del Padre Germán Arana, de monseñor Elías Yanes (+) y del cardenal Stella con la colaboración imprescindible del cardenal Omella y los amigos del cardenal Omella que hicieron de espías en la diócess de Zaragoza. un viernes para que fuera a verle el siguiente martes, en noviembre de 2014, echándole en cara el Papa Francisco a Ureña,

«ha sobornado usted a un diácono».

9 días después, Ureña era expulsado de su silla de arzobispo de Zaragoza.

Con esa frase se refería el Papa a que Ureña -siguiendo por otro lado la instrucción del cardenal Stella, por lo que se colige que el Papa no estaba informado de todos los pormenores- ofreció dinero a Daniel Peruga para que pudiera dedicarse unos años a su formación personal como compensación por no ordenarse. Por otro lado esta compensación económica es más que ordinaria, y muestra cómo el papa Francisco ha sido víctima de la trama, y le han querido mantener mal informado.



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