OMELLA Y GERMÁN ARANA CONJUNTADOS PARA HUNDIR A M. A. BARCO. MOSSÈN BARCO, UN CABO SUELTO

Actualizado: may 31

El cardenal Omella en una charla sobre caridad cristiana y alegría del Evangelio..

5 de octubre de 2019


En este artículo aporto información de cómo las palabras leídas por el Cardenal Omella a Miguel Ángel Barco del pliego de acusaciones contra él para que se defendiese, muestran un estilo muy parecido a las empleadas por el jesuita Germán Arana en su carta de su puño y letra al Papa Francisco acusando al exarzobispo de Zaragoza Monseñor Ureña de pecados atroces.

Es muy difícil creerse que este estilo común en una carta firmada por un alto cargo vaticano como lo es actualmente el cardenal Omella, y las palabras del Padre Germán Arana, rector del seminario internacional jesuita de Comillas en Madrid sea el estilo de "la casa", es decir de la Santa Sede. Es más fácil de tragar y más plausible que hayan sido forjadas por la misma mente.

¿Podrían haber sido concebidas estas palabras acusatorias contra el conocido como "cura de Épila" por Germán Arana, y ser pretendidamente enviadas desde el Vaticano? ¿Pudieran haber sido enviadas del Vaticano en un viaje de ida y vuelta con inicio en la pluma del Padre Arana? ¿Por y para qué?.

Así, el 24 de febrero de 2017, le son leídas las acusaciones a Miguel Ángel Barco por el cardenal Omella; su abogado en ese momento Fernando Valero se persona en la causa. El cardenal Omella, contra todo protocolo aceptado comúnmente y con toda falta de seriedad y rigor le leyó la acusación a M. A. Barco pero no se la entregó ni se le permitió tenerla por escrito:


El Papa Francisco con su cardenal español favorito Omella

«1.- El 18 de diciembre de 2015, un eclesiástico del que consta su credibilidad, declara que el sacerdote acusado le dijo: “Que desde hacía un año aproximadamente o algo más estaba teniendo una relación afectiva con una chica de su parroquia mayor de edad (19 años), y que había tenido varias relaciones íntimas con ella y, fruto de una de ellas, la chica estaba embarazada”.
»2.- Con fecha 30 de octubre de 2016, otro clérigo del que se ha comprobado su credibilidad declaró: “El 7 de septiembre de 2016, hablé con Don Miguel Ángel Barco López, quien me comunicó que había tenido una relación con Doña X Y Z, y como consecuencia, ésta había quedado embarazada”. Esta información la conocían también el vicario general de la diócesis, Monseñor Florentino Rueda Recuero y el Reverendo Pablo Ormazábal Albístur, amigo personal de Don Miguel Ángel.
»3.- Con fecha 5 de noviembre de 2016 otro clérigo de cuya credibilidad no se duda declara: “Monseñor Manuel Ureña me dijo: ‘No entiendo cómo acusan a Miguel Ángel Barco de ser homosexual, siendo que es padre de una niña’”
»4.- Además de estas declaraciones en este expediente constan dos hechos significativos ocurridos en el mes de octubre de 2006, poco tiempo después de que Doña X Y Z quedara embarazada: a. El asalto de la casa del sacerdote y los maltratos que este sufrió cuando los familiares de Doña X Y Z tuvieron noticia del embarazo de esta. En estos hechos intervino la policía y los servicios sanitarios del lugar; b. la denuncia contra el sacerdote ante autoridades civiles por parte de un familiar de la madre de la niña».

Aquí y ahora traigo las palabras de Germán Arana dirigidas por escrito al Papa Francisco en una carta de su puño y letra. En estas líneas se nota un espíritu tan particular de “dimes y diretes”, de “conversaciones de pasillo” en lo que a todas luces parece una colección de calumnias que rozan lo inverosímil y que por la misma forma y fondo del redactado no admiten comprobación. Al igual que pasa con las palabras del cardenal Omella leídas al padre Barco. Son tan similares en estilo que nadie podría dudar que, o bien han sido consensuadas o las ha gestado y parido la misma mente.


Así, Germán Arana dice en su carta al Papa:

«(…) Me limitaré a cuestiones generales que se desprenden de las horas de confidencias que he recibido de sacerdotes bien intencionados y rectos de las diócesis de Alcalá y Zaragoza. Me han llegado voces también de Cartagena-Murcia pero mi ministerio me ha impedido viajar hasta allí con ese propósito. De tales confidencias he alcanzado las siguientes convicciones morales: Todas las personas de su entorno amical de D. Manuel [Ureña] son ambiguas, seminaristas o jóvenes sacerdotes homosexuales o heterosexuales activos, personas desequilibradas que viven con una máscara de religiosidad vacía, aficionados a la buena vida y (…); puedo testimoniar que un sacerdote de Alcalá me contó que escuchó directamente de labios de una enfermera que esta había asistido a una operación quirúrgica para reparar un desgarro anal de D. Manuel, fruto presumiblemente de una penetración. También escuché de una religiosa que recibió una confidencia semejante de un operador sanitario. Tanto la religiosa y el sacerdote no son personas difamadoras sino dignas de todo crédito. Las recibí como confidencias altamente reservadas».

Monseñor Ureña con el Papa actual

Estas frases dejarían entrever el bajo calado moral de quien las escribe. Cuesta entender el móvil de este drama.

Lo que sí parece cierto es que si el Rvdo. ahora secularizado sin culpa M. A. Barco probara sus acusaciones contra el cardenal Omella -recordemos que M. A. Barco ha interpuesto un recurso frente al archivo provisional de las diligencias, por lo que el cardenal Omella sigue querellado ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en España-, podría salir a la luz también que no había motivo para obligar a renunciar al ahora exarzobispo de Zaragoza Don Manuel Ureña en 2014 en cuya diócesis estaba M. A. Barco de párroco en calidad de comisión de servicio en esos momentos.

No quedó en nada ya en 2004 el intento de atacar a Monseñor Ureña exarzobispo de Zaragoza por el odio por Ureña que sentirían Elías Yanes y Germán Arana cuando le denunciaron a la Congregación para la Educación Católica por un caso fantasioso y con argumentos parecidos.


Y toda esta confabulación oscura contra el Rvdo. Miguel Ángel Barco pudiera muy bien ser un cabo suelto, un chivo expiatorio sin inmolar, ante los ojos de lobos hambrientos por apoyar el edificio que no se aguanta de argumentos contra Monseñor Ureña.

Es preciso aquí volver a recordar que entre las pruebas exculpatorias de haber concebido una hija el Rvdo. M. A. Barco presentó inmediatamente unas pruebas de ADN que solicitó la madre de la criatura junto al padre real, cansados estos de esas acusaciones indirectas a la madre de haber tenido relaciones sexuales con un cura. La diócesis de Alcalá las vió y firmó haberlas entendido ante notario, se hicieron llegar a Omella, quien las recibió y se le acusa de no haberlas entregado a Roma. Sin embargo, en descargo de su persona y para provocar el archivo de procedimientos contra sí -archivo ahora recurrido-, presentó Omella un Recibí de Roma firmado por el cardenal Stella esta vez, presuntamente extemporáneo, y por ende falso, también presuntamente.


La carta de Arana al Papa Francisco



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